Oda

Surge su alma, espesa, dulce de las ubres que no tetas. Colgantes montañas, macizos al revés, henchidos de un néctar que la idiotez está demonizando. Como si la avena o la soja pudieran compararse a las apretadas redondeces caprinas, bovinas, ovinas. La voluptuosidad hereda en formas, aunándose grasas, trabajo manual, reposo. Ya la sabiduría divina y humana ha hecho su trabajo. Luego silencio, oscuridad y gérmenes configuran la historia. Llega la belleza, esa palabra llama a una cita gozosa, mojada en vino, en aceite, cremosa, erótica del suero que suda al tocarse. Se llenan las bocas y no cabe otro pensamiento. En algunos de sus encuentros veo los verdes valles, las montañas nevadas; evoco las manos rudas que ordeñan en la herrada como se debe: mística del origen. También noto, profundas, las penumbras donde aflora una podredumbre microscópica. Amargo, untuoso, duro, ácido, picante. Sin corteza, doncella sin vergüenza, dice el refrán. Albo, asalmonado, paleta cálida de sábanas estivas, alcoba francesa. En otros, recios, brota el color de los infinitos llanos de La Mancha, el zurrón barroco, tiempo parado en que nuestra hidalguía sigue matando molinos, eterna honra castellana. Sobremesa, convite, guateque, recepción, orgía o coctel no haya horizonte sin él: el queso.

(Nota publicada en Blog de Carmen Álvarez Vela)

Apuntes electorales (III)

La política española, que algunos se empeñan en animar, quizás esté entrando en una suerte de síndrome. Síndrome del extranjero, aquella distancia de uno consigo mismo y el entorno con que Camus documentó una trama existencial. Les hablaba hace siete días sobre la italianización de nuestro hábitat, en el sentido de gobiernos breves y elecciones cada cuatro días, y no cada cuatro años como Dios manda. Las diversas crisis solapadas (el independentismo catalán y la irrupción de las huestes antisistémicas) han provocado tal caudal de acontecimientos y relatos que no sorprende el alejamiento ciudadano. Cabría al respecto otra breve reflexión: retratado el presidente en funciones como cesarista, gran apasionado del poder, podríamos quedar atrapados en un purgatorio político hasta que votemos bien, o sea, hasta volver al añorado bipartidismo. Perenne provisionalidad, con Sánchez de director de orquesta. No voy a decir del Titanic, algunos comentaristas llaman a esta insólita situación “país bloqueado”, a todas luces una exageración. Quizás al presidente, un seductor con falta de escaños, agrade la vida eternamente momentánea. Goza de un cargo que, por provisional, está hecho a la medida de sus capacidades. Es decir, se representa en las televisiones, vuela en el amado Falcon y charla de vez en cuando con gente importante. Algo así como aquel miembro de un consejo de administración que va a la junta anual, saluda, firma, aprovecha para quedar a jugar a golf y se larga, hasta nueva convocatoria, con el deber cumplido. Pudiera resultar que el cambio de Régimen ansiado por la izquierda fuera tener un presidente socialista con Presupuestos Generales de la derecha. De hecho, vivimos al día bajo las cuentas del antiguo ministro Montoro, ejemplo de pervivencia después de la muerte (política). Hablando del más allá, el tema del general Franco da ya para una novela shakesperiana con toque tragicómico español.

Nuestro largo veraneo político puede traducirse (así lo señalan las encuestas) en una baja participación. Decepción, divorcio o cansancio, a los españoles no parece gustarles que se les tenga tanto en cuenta. En la vecina Portugal, no votó el 45% del censo en las elecciones legislativas del domingo y aquí hay quien ha aprovechado para dar la voz de alarma. Los partidos, muy sensibles a lo que se comenta por ahí, temen que les caiga la bronca (en forma de abstención) y se echan la culpa de la repetición electoral. Hay rumores de desaceleración económica, pero los socialistas (y amigos mediáticos) silban mirando a otro lado. Mientras, Casado está contento; en el partido los rumores apuntan a una posible victoria. Iglesias sigue enfadado con el mundo, o más bien con el IBEX, esa fuerza oscura que habría frustrado su maleta ministerial. Idus de marzo para el de la dacha en Galapagar: ¿Tu quoque, Errejón? En Vistalegre, VOX ha vuelto a escenificar una nostalgia por algunas cosas que la derecha descuidó con Rajoy, vaciándose ideológicamente. El partido de Abascal se reafirma gendarme de la civilización cristiana y azote del gobierno mundial (en la sombra) de Soros y sus afectos. Observando el acto de Vistalegre y los pronunciamientos allí emitidos, cabe pensar en VOX como un partido melancólico. Y esto no siempre es improductivo: la melancolía puede ser una energía formidable. A excepción de las demás, la formación verde podría no verse afectada por aquel síndrome del extranjero al que aludíamos.

La frase de la semana: “Los gallegos somos ordenados y no andamos en la política de egos que hay en España.” (Núñez Feijóo)

(Nota publicada en Ok Diario)

Apuntes electorales (II)

El tiempo electoral discurre de un modo entretenidísimo. Los políticos regalan gruesos propósitos (hay que postularse de vez en cuando para estadista) y detalles adorables (la barba de Casado). Esa barba pudiera ser homenaje a nuestro último político del turnismo (Rajoy) o desafío al facial -e imperial- pelo de Abascal. En cualquier caso, con su estrategia, más templada, Casado ha ganado edad y porte, elementos que los españoles apreciamos en nuestros gobernantes. Se piense, por ejemplo, en el epíteto “aniñado” (u otros menos amables) con que la usual inquina periodística señala a Errejón, novedad en la carrera a Moncloa. Gastar careto, jersey de púber y desplegar un argumentario tan ligero, por no decir vacuo, daña sus alegres aspiraciones de poder. A estas alturas, uno tiene la convicción de que el experimento podemita, estéticamente juvenil, se ha agotado para siempre. Dónde hemos llegado, hay guerra de guerrillas entre Iglesias y Más (¿País?) a cuenta de la pureza, si bien el combate posee tonos berlanguianos. Por no decir románticos: ante el colapso climático por culpa del capitalismo (Irene Montero dixit) la nueva izquierda pelea por imponerse en un Comité Central imaginario de la república popular que no fue. De Errejón se afirma que es un juguete sanchista, bonito trasto a abandonar en el baúl del revisionismo una vez agotados los juegos. Sánchez estuvo hablando en Barcelona como rojo de orden, disfraz para el sarcasmo. El PSOE amaga con el 155. También Iceta salió en los medios con una contundencia inaudita. ¿Pero no se trataba de “hacer política” siempre? Serán las febrículas electorales, parece que el concepto de finezza de los socialistas catalanes -aplicar como dogma el pensamiento buenista al nacionalismo- ha sido relegado. Aunque, finalmente, no habrá apoyo a una moción de censura contra Torra: el PSC de los amores, burgués con conciencia social y nacional, no defrauda nunca. Hizo Sánchez duras advertencias a Torra tras lo sucedido en el Parlament de Cataluña los días pasados. Allí hubo bronca. ¡Carrizosa, fuera de clase!, ordenó el atildado Torrent, regalando novedosos bríos a Ciudadanos. El esperpento indepe gana fuerza, alguien ha mandado pisar el acelerador. Qué tiempos aquellos del oasis catalán. A la propuesta parlamentaria de expulsión -ilegal- de la Guardia Civil de esa comunidad autónoma se suman filtraciones (hay todavía secreto de sumario) que apuntan a Torra y Waterloo, el retiro espiritual del Dalai Puigdemont. Torna la oscura percepción de un ahondamiento en la crisis política, y no parece tener solución sin medidas valientes y enérgicas, adjetivos espeluznantes en estas épocas. Vuelven las imágenes feas en Barcelona, muchedumbres formadas en la antipatía, esos rostros abotargados por sobredosis ideológica. Es la evolución natural del català emprenyat, criatura parida por el periodista Juliana. La Cataluña alucinada. Fíjense, ya ni se habla de VOX, del inminente infierno fascista habitado por toreros, curas, cazadores, muchachos con chalecos acolchados y señoras franquistas del barrio de Salamanca.

La frase de la semana: “La pieza de caza mayor en estas elecciones somos nosotros.” (Pablo Iglesias)

 

(Nota publicada en Ok Diario)

Apuntes electorales (I)

Comienzo con esta crónica una serie semanal que, si el clima lo permite, dará cuenta de la campaña política hasta el próximo diez de noviembre. Aunque no estemos todavía, calendario en mano, metidos en harina, el lector comprenderá que es oportuno referirse al vigente sanchismo como tiempo “electoral” permanente.

Los grandes partidos temen, al contrario que los demás mortales, el adelgazamiento de sus cuerpos. La italianización de España está contribuyendo a tal causa, sin saber si esto es bueno o malo para el sistema. Tal fragmentación no sólo afecta al centro derecha. La izquierda vuelve a sus viejas tradiciones, las queridas luchas intestinas de aquel atribulado siglo XX. Dichas batallas por el poder antes se presentaban con disfraces ideológicos; ahora no se disimula que en cada sillón sólo cabe un culo, y los sillones están contados. Ha sido enternecedora, y diáfana, la negociación reciente entre Sánchez y el pretendiente a ministro Iglesias. Este último languidece, parece haber envejecido rápidamente. Su formidable ansia por desmantelar el Régimen del 78 (democracia ideada por el general Franco, según la autorizada voz del cineasta Amenábar) y las otrora energías bolivarianas se han desinflado mucho. Estamos perdiendo a un íntimo revolucionario, lo cual puede hacer decaer la comedia hasta el aburrimiento. Vuelve Errejón a escena para animar la función. Reivindicando el olvidado estilo asambleario, un errejonista (el concejal Ortega) ha declarado que ansía “recuperar la dignidad de las instituciones”. Renace así la salvación; torna el discurso de los dignos frente a todos los demás, es decir, los indignos. Esa cosa de la dignidad viene de mi tierra. Nunca podremos agradecerle al procés catalán todo lo que ha aportado al lenguaje de la política española. En Cataluña, siempre a la vanguardia de las Españas, vivimos no ya electoralmente, sino en estado de prolongada gimnasia política. El genio catalán, visionario, se reivindica en acciones de una creatividad apabullante: un bolardo ha sido homenajeado con flores, performance que nos devuelve al surrealismo. No obstante, hay noticias inquietantes. Una operación de la Guardia Civil contra miembros de los CDR destapa, según parece, que alguien comienza a jugar con mezclas explosivas, peligrosas no sólo para la salud mental de la comunidad.

La tensión política no afloja, hay gruesos intereses en que así sea. La izquierda, ensimismada en identidades, perspectivas de género (femenino) y apocalipsis climático acude a los comicios en guerra civil: Sánchez como estadista socialdemócrata, denostando a los atribulados podemitas, reclamándose izquierda ordenada; Iglesias como paladín de las esencias populistas, contra la casta setentayochista del PSOE; y el niño Errejón como revisionista barbilampiño, malo ramal para los señoritos de la dacha en Galapagar.

La afición hispana por los asuntos públicos, tratados en el Congreso de los Diputados, en las variadas instituciones y en las barras de los bares, es impermeable al desaliento. Estamos perfeccionando una nación de debates políticos con formato y jerga balompédica y de cotilleo desalmado. En realidad, los géneros de nuestra comedia nacional se confunden. La cita electoral, de la que Sánchez tiene una enorme responsabilidad, será una nueva fiesta de la democracia. Si bien la ejercitación plebiscitaria, muy severa, podría conducir al absentismo. Se escucha en los bares, caña o café en mano, un quejido antipolítico (fenómeno también italiano). Así lo apuntan encuestas recientes.

(Nota publicada en Ok Diario)

La (corta) marcha de Podemos

Aquellos heroicos revolucionarios (en la imagen, columna de partisanos yugoslavos)

¿Recuerdan cuando Podemos era un absoluto desorden? Mareas, confluencias, asociaciones. Abanico heterogéneo al calor político de la crisis, activismo neosecular y tradición oportunista. Esos personajes surgidos de la nada, especuladores en ciertas coyunturas históricas. Un batiburrillo que convenía a algunos dulcificar y, sobre todo, agrupar: pasarlo por el lenguaje y maneras del marketing político. La revolución -vale la pena conocer el ejemplo de Lenin- no se logra sin el elemento de la unidad. Que significa en nuestro caso contemporáneo desterrar las asambleas de estilo universitario, los grupúsculos descontrolados y la estética de sudadera, mochila en el suelo y a ver quién la dice más gorda. La unidad leninista tenía también como fortalezas la ofensiva paulatina (un paso adelante, dos pasos atrás) y el establecimiento del terror, inspiración de Marat. Ni hablemos de la Larga Marcha de Mao, aquella larguísima excursión sembrada de muertos y penurias. Comparativamente, estos revolucionarios de hoy son en realidad hijos de una época muy fácil. Un mundo satisfecho, algo aburrido de sí mismo, que puede permitirse el lujo de jugar a la insurrección. Podemos bebe del folclore revolucionario, de boquilla: las sentadas en el césped de la facultad y algún acoso al profesor (o alumno) discrepante con la línea asamblearia. Los bolcheviques hubieran enviado a nuestros agitadores a trabajos forzados en Siberia. En cualquier caso, la crisis económica (y moral) de 2008 en adelante, vio brotar una contestación radical. Radical en cuanto volatilizaba desde la izquierda el patrimonio constitucionalista de comunistas (Carrillo) y socialistas (González). La inspiración de todo eso reside en Zapatero. Ascendió hasta puestos de poder a personas como Leire Pajín, que anunciaba el estilo podemita. Su calidad intelectual, apenas disimulada por un manto de rancia ideología, inauguró el actual desparpajo, en el que casi nadie se siente ya responsable de sus imbecilidades. Ocurrencias e impudicias proclamadas en redes sociales o en tribuna parlamentaria. Los jovenzuelos y endogámicos profesores de Políticas de la Complutense mamaron de tales modelos. Se entretenían en una Universidad convertida ya en campo de ardores rebeldes, acervo de Mayo del 68 y Berkeley vía Laclau. Eran, por tanto, muchachos melancólicos, muy ideologizados pero sin ideales fuertes. Es decir, eran moldeables (como se ha demostrado luego). Es ahí cuando se hicieron necesarios los medios. Una formidable fábrica de demagogia: tertulias, entrevistas, periodistas en labores de propaganda, escraches, actos de protesta. Con un epicentro en Mediapro, La Sexta, los programas de Évole. La operación tuvo de promotor y conseguidor a Jaume Roures, personaje sobre el que hace falta poner luz, habida cuenta de las sombras. Burgués de Barcelona, viejo militante de la Liga Comunista Revolucionaria, detenido en 1983 por colaboración con ETA y admirador de la revolución sandinista de Ortega. Nuestro Soros en labores de esparcimiento político, impulsando tanto a Podemos como a la otra gran energía del anticonstitucionalismo: la sedición independentista catalana. De la revolución que acabaría con el Régimen del 78 a la actualidad podemita hay un camino, que se consuma con el logro de sillones y la práctica nepotista. Salvo por los eslóganes, el partido de Iglesias-Montero es un ejemplo de adaptación al sistema (así mismo el griego Syriza). Podemos se asemeja ahora más al PCUS de los años ochenta, cuando sus militantes hacían contrabando con productos de consumo y los dirigentes, acabadas las purgas, residían felices en sus dachas, que al atribulado movimiento de la crisis económica. Parece que el sueño de Roures (también el catalán) ha tocado hueso. Mientras, el PSOE, concluida su mutación a los rigores de la nueva izquierda, trata de marginar a sus contrincantes, única idea cabal que se presume en Sánchez.

(Columna publicada en Ok Diario)

Coordenadas de una soledad (carta a Víctor Colden)

 

Pisar las calles cuando la ciudad no ruge, y se relame después de triunfos y derrotas. Una urbe, colmada de gente, patria de la soledad. El grueso de transeúntes ha marchado a sus casas. Sin embargo, para algunos, salir a mesar una barra de madera barnizada tiene el alcance del hogar. En ocasiones se acompañan de un libro, lo abren y admiran su compañía, incondicional. Hay pocos solitarios en los bares, se ha instalado la costumbre de ir escoltado a todos sitios. Y la figura del hombre solo parece rancia, herrumbrosa. Cultura que está siendo laminada. La soledad, acabado su oro, sería un dolor consolado. Un espinazo que soporta humores, movimientos, la dignidad del solitario. El barman posa el vaso e, inmediatamente, lo recoge otra mano. Misántropo trago, anclado en el silencio de robles centenarios, huella de podredumbre. Ya el vaso ocupa todo el campo visual. El vidrio está pensado para la noche, es cuando se ve su alma, la propia del espejismo en el desierto. Falta otra calada al pitillo, el humo penetra y da una ligera idea de las contingencias. En la cartera, soledades. Carísimas algunas. La solitud es una inversión ruinosa, deleite. Se supone que lleva a la reflexión. Podría, aunque me inclino a creer que conduce al ensimismamiento. La vida es pensar en ella misma y llegar a pocas conclusiones. Luz crepuscular, las garras de la ciudad, cansada, dejan escapar a los solitarios. Vagan, dibujan sombras en las aceras, firman secretas vanidades. Los vemos allí, en el espejo. 

Esta nota trata de responder a la publicada por Víctor Colden en Fronterad, que puede leerse en el siguiente enlace: https://www.fronterad.com/vosotros-los-solitarios/

El mundo de ayer

Dejar la luz encendida al salir de una habitación. Coger siempre el ascensor. Subir el aire acondicionado. Recibir en casa el Gold Gotha. Tener tarjeta de presentación. Perderse en la ciudad y preguntar a otro transeúnte. Escribir una frase con miedo a errar. Comprar periódicos de papel. Pasear. No ir a Ibiza. Aprovechar los minutos de silencio para observar el entorno. Disimular ante la belleza. Concertar una cita desde el teléfono de casa. Ir en taxi a todos sitios. Soltar un taco sedativo. Dar pocos besos. Abominar del trato de “cariño”. Roger Moore como James Bond. Marilyn Monroe. Spencer Tracy. Las mujeres con falda de tubo. Las mujeres que hablan sin manotear. Las señoras peinadas de peluquería. Regalar una estola de visón. Rescatar algo del olvido usando sólo la memoria. Tildar “sólo” cuando es menester. Afianzarse en el sillón con un libro. No ir por ahí con ropa deportiva. Pensar en los demás de un modo abstracto. Estar ilocalizable y que nadie se entere. Escribir una misiva con el objeto de acabar una relación. O de iniciarla, declarando el amor. Hacer el amor con la mirada. Seducir tratando de usted. Beber muy despacio. Desplegar un mapa sobre la mesa y recorrer con el dedo una ruta imaginaria. Escuchar a Bach. No encender la televisión. Saludar con la mano recta. Abandonar un grupo de personas poniendo tierra de por medio. Hablar bien de Berlusconi. Leer siempre a Chesterton. Leer a Wodehouse. No opinar de todo. No salir de Europa. Vestir una teba. No casarse. No divorciarse. No separar las basuras. Cazar. Ir a los toros. Pedir rabo de astado. Ver boxeo. Acudir a un limpiabotas. Beber dry martini. Preferir el tenis de saque y volea al juego de fondo. Llevar vacíos los bolsillos del pantalón. John Wayne. Discutir sobre la autoría de una canción. Citar de memoria. Hablar con alguien durante horas frente a un café. Grabar en la mente aquella vianda. El pan blanco. La leche de vaca. Toda la carne del mundo. Azúcar refinado. Pedir un guiso de tortuga. Comerse una becada. Alargar hasta la noche una sobremesa. Las cortinas de Via Veneto. Escribir postales desde el extranjero. Guardar en grandes álbumes fotografías de papel. Tomar notas a lápiz. Escribir la lista de deseos. Ir a una librería. Ser estricto con los desconocidos. Abrir la puerta a la mujer que nos acompaña. Tratar de usted a casi todo el mundo. Nunca preguntar a nadie por su profesión. No hablar de trabajo con las amistades. No mencionar el dinero. No tatuarse. Fumar un puro. Amar sin ínfulas. John Ford. El bar Richelieu. Milán en otoño. Las flores blancas del Ritz. Aburrirse. Vivir disimulando, morir como en el teatro.

Nota publicada en Ok Diario